Cartagena de indias, un destino para volver en cualquier época del año

Centro Histórico

“Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla [a Cartagena] en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”, escribió Gabriel García Márquez, en su autobiografía Vivir para Contarla

Las calles de los barrios San Diego y Getsemaní están rodeadas de una muralla militar-colonial construida hace cuatro siglos. Su misión era evitar invasiones de navegantes ingleses y franceses. Su forma original se mantuvo casi intacta hasta la actualidad, dejando de ser una defensa para convertirse en una puerta al ayer.

Las calles Cochera del Hobo, Del Curato Santo Domingo, Los Siete Infantes, La Tumbamuertos y otras más del barrio San Diego están repletas de arquitectura colonial: iglesias, teatros, conventos, facultades universitarias y casas que sobreviven al paso del tiempo y de la gente. No solo se trata de paredes, ventanas y balcones, sino también de historias que se debaten por ser sucesos históricos o leyendas mitificadas.

En 1666, en San Diego, se inició la construcción de la Iglesia Santo Tomás de Villanueva, hoy conocida como Santo Toribio. Para ese entonces, este claustro hacía parte de la cotidianidad de la alta clase cartagenera. Albergaba hermosas, casi divinas, imágenes religiosas y un bellísimo retablo barroco. 

Un 27 de abril de 1741 la bala de un cañón salió de un barco pirata y entró por la puerta de la Iglesia Santo Toribio hasta los pies del sacerdote, sin causar daños solo susto, según las crónicas escritas de la época. 

Al caminar por este barrio todos los sentidos se deleitan; miramos, escuchamos, sentimos y vivimos.

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